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Monday, November 19, 2012

Angelus Novus



Tendencia hacia un límite ilimitado.
Recorrido hacia un hipotético punto de fuga en eterna huida.
Todo era movimiento, tal y como el Oscuro de Éfeso se empeñaba en asegurar.
Y, a pesar de ello y de todo lo demás, el estatismo se había convertido en el mal que la carcomía por dentro y comenzaba a hacerle sentir desvinculada de la carcasa exterior, desprovista del ser material, de su cuerpo, a la par que que encarcelada entre aquellos barrotes de piel, hueso, carne: barrotes banales y terrenales que el tiempo despedazaba con su voracidad e inclemencia.
Sumida en aquel estado de paroxismo, sin saber cómo lograr zafarse de él, con un grito mudo apuntalado en la boca abierta, casi muerta.

Tendency towards a limitless limit
Route towards a hypotetical vanishing point in eternal escape. 
Everything was movement, as the Dark One insisted on assuring. 
And, after that and everything else, the statism had become the evil that was eating her away from the inside, which was starting to make her feel detached from the external frame, devoid of the material being, of her body... at the same time incarcerated among those crosspieces of skin, bone, flesh: banal and earthly crosspieces torn to pieces by time with its voracity and inclemency. 
Sunk in that estate of paroxysm, not knowing how to get rid of it, with a silent scream underpinned in the open mouth, almost dead.




He vuelto. Con algo viejo, de como me sentía hace mucho tiempo, en oposición al ahora. Un angelus novus ha sobrevolado la realidad para convertirla en algo diferente y he conseguido zafarme de la cárcel de piel, hueso y carne. La imagen, el lienzo de Paul Klee homónimo al título de esta entrada. He intentado traducir el texto al inglés, aunque no sé en qué medida. Volveré, queridos lectores.


Saturday, January 14, 2012

14012012




Sus días se combustionaban al contacto del oxígeno atmosférico a una velocidad de vértigo. Apenas amanecía, sin saber cómo, el tiempo echaba a correr y se transformaba la mañana en tarde y, luego, en noche, sin apenas llegar a apercibirse de ello. Se levantaba del exiguo catre con la luzazul del alba, cuando se daba cuenta, el desayuno se había transformado en almuerzo, cuando se se sentaba a la mesa a trabajar ya había atardecido y el sueño le atenazaba y el catre aún deshecho le llamaba de nuevo al cobijo del abrazo morféico de la noche eterna, sin Vía Láctea ni estrella polar.

Su soledad devoraba su tiempo de una manera ávida y feroz, no dejándole a él más que las migajas de un tiempo volátil y fútil que iba y venía y que parecían pertenecer algún otro, pero no a él. Su tiempo ya no era suyo. Su alma ya no era suya. Ella ya no era suya. Aquellas piernas se habían marchado llevándose consigo al tiempo, al alma y a la mujer. Aquellas piernas metidas en medias de cristal, cabalgantes sobre un par de zapatos de ante verde billar. Aquellas piernas se había llevado a la mujer que había amado, llevándose consigo, además, su tiempo y su alma y dejándole tan solo una vida que vivir, pero sin nada por lo que hacerlo.


La imagen es un detalle de la tabla de la derecha del tríptico de Hyeronimus Bosch titulado El jardín de las delicias, archiconocido por todos. He regresado, aunque no todo lo creativamente que habría de desearse. Se prometen nuevos microrrelatos.


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